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Los plásticos, redes, cabos, etc. son una trampa mortal para todos los habitantes del
mar: las tortugas marinas son unas de las victimas más frecuentes.
Los animales heridos o en estado febril aparecen por lo general en superficie,
mostrando claras señales de agotamiento, o también encallados en las costas.
Si nos encontramos con algunos de ellos, es útil conocer unas normas básicas de primeros auxilios.
Después de socorrer a una tortuga, es preciso observarla minuciosamente para hacer
un diagnóstico de sus posibles heridas: si el animal debe permanecer algún tiempo fuera del agua,
es aconsejable cubrir el caparazón con paños mojados, para que permanezca húmedo
y mantenga la temperatura corporal, así que es preferible colocarla en
un lugar tranquilo y fresco.
- Si se ha tragado un anzuelo y sólo asoma el nylon ("liña"), ¡nunca debe tirar de
él! Deje el nylon fuera y avise lo antes posible al personal de Medio Ambiente, quien se encargará de
recuperar la tortuga y, mediante una pequeña operación, extraerle el anzuelo. Si el anzuelo
está situado en la boca del animal o clavado en alguno de sus
miembros, se puede extraer cuidadosamente mediante unas pequeñas pinzas, con la precaución de no recibir un mordisco.
- A veces, se encuentran impregnadas de petróleo ("piche", alquitrán, etc). En este
caso, limpie el caparazón, las patas y con más precaución la cabeza, los ojos y la
boca con un paño humedecido de aceite vegetal.
- Otro caso, el más frecuente, es encontrarlas enredadas de cabos, nylon, etc. Corte
los cabos que la estén oprimiendo; de este modo, le aliviamos el dolor y la
compresión del miembro, reactivando la circulación sanguínea.
Si el animal no está herido y no presenta un estado débil, devolverlo al mar.
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