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El
Convenio Internacional para el control de Tráfico de Especies
Amenazadas (CITES) prohíbe la comercialización, trafico o posesión de cualquier tortuga marina o de alguna
de sus partes y la exhibición de ejemplares que no sea para fines didácticos o científicos.
No obstante, existen todavía algunos establecimientos que ejercen como "granjas" donde se crían
tortugas para el consumo, tanto alimentario como decorativo.
Por otro lado estas granjas se comprometen en devolver al mar el 40% de las tortugas
nacidas en cautividad. Las pequeñas tortugas se sueltan acabo de un año de vida, por lo
cual el índice de mortalidad es, según los estudios realizados, inferior al que se conoce en condiciones naturales,
y
mayor es el numero de ejemplares que llega a la edad de adultos.
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