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HISTORIA
Desde
el aire, el archipiélago de Las Maldivas brota del océano con su
peculiar paisaje: infinidad de círculos blancos circundados de un mar
turquesa que se funde con el azul profundo del Océano Índico. Fueron
descubiertas por los árabes, quienes las utilizaban como punto de
escala en su rutas comerciales hacia el sudeste asiático. Unos años
más tarde, en 1153, impusieron la religión islámica, convirtiendo a
los reyes, hasta entonces budistas, en sultanes con nombres árabes. A
lo largo de la historia, el archipiélago ha estado en manos de
portugueses, holandeses e ingleses, aunque nunca rompieron los lazos
con la isla vecina de Sri Lanka, de quien dependía el abastecimiento
de todo tipo de suministros. En 1965 Las Maldivas se declaran república
independiente e inmediatamente son reconocidas por la ONU. A partir de
entonces se inicia el desarrollo turístico, ofreciendo al mundo sus
paisajes de playas blancas y uno de los arrecifes coralinos mejor
conservados del planeta.
Los
primeros viajeros se encontraron con un verdadero paraíso: diminutas
islas que no sobrepasan los 2 metros de altura y playas de arena
coralina sembradas de cocoteros; familias de amables pescadores,
orillas invadidas por tortugas marinas desovando al anochecer, peces
de todos los colores y tamaños en apenas unos metros de agua. Incluso
para los más atrevidos, tiburones y mantas gigantes en las afueras de
la barrera coralina.
Desde
entonces, y a pesar del incremento de actividades comerciales y turísticas,
pocas cosas más han cambiado. Las islas gozan de buena salud y se sitúan
todavía como uno de los destinos preferidos para los submarinistas.
LA LLEGADA
Hulule,
isla vecina a la capital Male, es el punto de transito obligado
para trasladarse a cualquier parte del archipiélago: es la única
isla convertida en aeropuerto. Hulule se amplió
artificialmente para permitir el aterrizaje de los aviones de líneas
internacionales. Desde aquí, dependiendo de cuál sea nuestro
destino, nos esperan unos medios de transportes poco corrientes para
un occidental: si nos trasladamos a una isla cercana, lo haremos a
bordo de un dhoni —pequeña embarcación local—, si viajamos a otro atolón,
entonces será en un barco más rápido y también más confortable o
a bordo de un hidroavión que sobrevolará lugares de una peculiar
belleza.
De
las 1200 islas, unas 70 han sido acondicionadas como complejos turísticos (llamados resort) y sólo unas 200
están habitadas por indígenas.
Para el neófito, todas pueden parecer iguales, pero de su elección
dependerá el éxito de nuestras vacaciones. Lo más habitual es
permanecer en una única isla, pero otra opción es dividir nuestras
vacaciones en dos resorts distintos o realizar un crucero, por lo general en barcos
pequeños (de entre 8 y 20 personas) idóneo para submarinistas
insaciables, ansiosos por descubrir nuevos fondos. En cualquiera de
nuestros destinos, recibiremos una misma bienvenida: collares de
flores, cocktailes de fruta fresca y la abierta simpatía de su gente.
Aunque
en cualquiera de las islas se encontrará cómodo y disfrutará de sus
vacaciones, le aconsejamos tres posibles destinos.
FULL MOON Y KURUMBA
Si
le gusta lo sofisticado, Kurumba o Full Moon debe ser su elección.
Situadas en el atolón de Male Norte, a unos minutos de navegación
del aeropuerto, estos dos resorts
cumplen las expectativas más exigentes: turismo elegante,
instalaciones excepcionales y un ambiente orientado a la evasión.
Tomarse una copa después de un día de buceo y de una suculenta cena
puede convertirse en lo más cercano a la sensación de victoria.
Inmersiones
tan famosas como Banana Reff, Furana North, Victory Wreck, Lankan
Caves y Manta Point, donde acuden mantas diablo desde el mes de abril
hasta agosto, lo dejarán absorto y con ganas de repetir. El mar de
Maldivas no engaña.
VELHIDU
Viajar
en hidroavión es como singlar el aire, planeando sobre olas e islas
hasta alcanzar el hermoso atolón de Ari y posarnos en la isla Velidhu,
un jardín de silencio donde el corazón pide respiro. Olvídese de
sus problemas y déjese mecer por la armonía de un lugar donde nunca
parece ocurrir nada. La isla de Velhidu es la tierra de Nunca jamás,
un sosegado vergel que no querrá abandonar para regresar a la
civilización.
Es
un lugar privilegiado para el buceo: excelentes instalaciones y
profesionales amables. Hay varias opciones a la hora de sumergirse,
como ir a
Gangehi Kandu o Hafza Thila, pero lo mejor es aventurarse a un crucero
para un día completo, con dos o tres inmersiones y comida a bordo. Y
no tome esto último a broma. La cocina local, con su toque asiático
es sofisticada y sutil, más aún si uno acaba de estar buceando entre
tiburones, como sucede en la legendaria Maaya Thila, inmersión en la
que pueden llegar a rodearle decena de escualos.
KURAMATHI
A
bordo de una lancha rápida arribamos a Kuramathi, al noreste del atolón
de Ari. Kuramathi forma parte de un pequeño grupo de islas llamado
Rasdhoo. Con sus 2 kms. de largo y 500 metros de ancho, ¡es una de
las islas mas grandes del archipiélago! Pasear por la isla, de visita
por los tres hoteles
que la constituye o con la mirada perdida en el horizonte, puede
devolvernos parte de lo perdido. Al atardecer, los turistas se reúnen
a la orilla del Cottage Club para disfrutar de un peculiar espectáculo
cuyas protagonistas son las numerosas rayas que acuden a comer de la
mano de un isleño.
El
buceo en Rasdhoo es muy variado, pudiendo sumergirnos en lugares poco
profundos como el House Reef, desde la misma orilla o en
vertiginosas paredes que se hunden en el abismo. Cada hotel
cuenta con su propio centro de buceo. A parte de realizar un full
day a la semana para alcanzar puntos alejados como Maaya Thila, o
Fesdhu Wreck, sus mejores inmersiones son Miyaru Faru, Veligandhu y
Madivaru, donde es frecuente encontrarse con hermosos y temibles
tiburones martillo.
SABER MÁS
En divehi, idioma de los
nativos, Maldivas significa “reino de las mil islas”. Son,
aproximadamente, 1190, cifra difícil de comprobar ya que algunas de
ellas –las más pequeñas- aparecen o desaparecen bajo la superficie
del océano según el antojo de la marea. Geológicamente está
formado por las crestas de una dorsal montañosa que nace a unos 4000
metros de profundidad. Emergen en un complicado proceso de erosión de
madréporas, formaciones coralinas que constituye la estructura de las
islas.
El
archipiélago, dividido en 19 atolones (distritos) está situado al
sur de la India, y se extiende a lo largo de 800 Km, de norte a sur, y
130 Km, de oeste a este, con una superficie de sólo 298 kilómetros
cuadrados de tierra firme. La población de Maldivas, estimada en
244.644 habitantes (1995) se reparte en aproximadamente doscientas
islas; un 12 % vive en Male, la isla capital. Por lo general el acceso
a las islas, para los turistas, está restringido con el fin de
preservar las costumbres y creencias locales. Hoy en día, la economía
esta basada en la industria turística y la pesca, que practica gran
parte de la población local. En los resorts,
los trabajadores proceden habitualmente de Sri Lanka y Bangla Desh,
profesionales de una excelente preparación que aumentan la calidad de
un servicio ya de por sí extraordinario.
GUÍA PRÁCTICA
Idioma: el divehi es el
idioma oficial, pero todos hablan inglés.
Vacunas: no son necesarias
Visado: prescindible para
una estancia inferior a 30 días. Pasaporte en vigor.
Tasa
de aeropuerto: a la salida 10 dólares a pagar en efectivo
(tenerlo en cuenta ya que no se acepta tarjetas)
Aduana: al ser un país de
religión musulmana, está prohibido introducir alcohol, revistas,
fotos, videos o cualquier clase de material pornográfico, así como
alimentos derivados de productos porcinos.
A la salida, todo objeto derivado de animales marinos (corales, mandíbulas
o dientes de tiburón, peces disecados, caparazones de tortugas o
animales vivos serán confiscados por las autoridades.
Diferencia horaria: en
invierno 4 horas, en verano 3 horas más con respecto a España
Moneda:
rupias. El dólar es la moneda habitual y se hace uso de tarjetas en
los resorts.
Luz eléctrica: 220 v
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